Sobre tu espalda

por Alejandra González Martínez

Allá lejos, en la colonia bonita, te esperan los ladrillos, el cemento: materias para fraguar ilusiones a quien pueda pagar el precio de una vida mejor. Con el bote de mezcla sobre tu espalda construyes paredes macizas y tibias como el nido del águila; creas expectativas que pronto, a base de tu esfuerzo, se cristalizan en cómodos refugios.

−¡Qué bien nos está quedando la Unidad Habitacional! −dice el ingeniero Roberto, mientras sus finas manos que no saben de trabajos rudos extraen un cigarro de su cartera olorosa a piel curtida.

Llegada la noche, te espera tu esposa preñada, mirando la televisión. Y tus hijos, Pepe y Rosenda, dándole duro al estudio. Te dejas caer sobre la cama desvencijada, cuentas los agujeros del techo, te preguntas si algún día la virgencita te concederá el milagro de levantar tu propia casa, bien hecha, y no ésta, hecha de láminas y desperdicios que hallaste en el montón de cascajo.

Miras a Pepe limpiarse las chinguiñas cuando la luz de la vela se ha extinguido. Quiera Dios y sea doctor, ingeniero o ya de menos, le sepa a lo de las computadoras; con tal que sus manos no se llenen de este líquido purulento, de tanto darle al cemento y a la cal. Lo que él quiera, mientras no se quede atrapado entre los muros macizos de las construcciones en donde tú nunca descansarás. Quiera Dios y sea agradecido, se apiade de ti y tu mujer cuando sean viejos.

Al mayor, hace una semana que lo expulsaron del bachillerato y hace tres días, después de la chinga que le acomodaste, que no sabes de él. Mejor así, que no contamine a los otros con su maldad, como manzana podrida dentro de un cesto con frutos.

Es mejor así, te repites una y otra vez mientras te balanceas sobre tu espalda. Una lágrima traidora escapa de tu ojo, calcinando tu mejilla conforme va bajando, secándose a la altura de tu pecho curtido.

 

 

Alejandra González Martínez, Ciudad de México, 1969.

Ha ganado una mención honorífica en el Premio DEMAC 2009-2010, para mujeres que se atreven a contar su historia, del cual se publicó la antología Testimonios de Mujeres Mexicanas 2011, tomo 2.

Publicada con la plaquette Sí que nos llovió esta vez, por haber ganado el 8º Premio Nacional de Cuento Tintanueva 2013.

Seleccionada en el concurso Proyecto de Cartas ¿Qué significa estar vivo?, convocado por Carlos Alejandro Poncio.

Con Ninfas sin verano se hizo acreedora al Premio Nacional de Cuento Nezahualcóyotl, 2016.

Obtuvo el cuarto lugar en la categoría de Microrrelato, en el Primer Certamen de Expresión Cultural “Un Vistazo” con el cuento Los brazos de la Tierra.

Publicada por selección en las antologías Cuentos del sótano III, IV y VI, ENdORA ediciones 2011, 2012 y 2019.