Práctica de lobo

por Rolando Rosas Galicia

De Vocación de silencio (1985) a La arena de los días (1999), más que decantarse la poesía de José Francisco Conde Ortega se ha afirmado en la obsesiva indagación del acontecer erótico-amoroso. Aunado a otras iluminaciones en torno al paso del tiempo, la ausencia de los seres queridos, o la soledad del hombre actual, cuya ciudad y sus penumbras lleva tatuadas en su corazón, Práctica de lobo es la reunión de la escritura vivida a lo largo de más de quince años. Son palabras cuyo dardo amoroso seguramente encontrará la herida propicia.

 

Por eso, si quieres cantar o que te canten al oído, allégate a Práctica de lobo; ven si quieres iniciar la jornada amorosa en “La hora exacta del licor/ la certera copa/ donde caben el amor y la ternura/ la lúcida destrucción de la mañana”. Si quieres compartir tu sed y el salivero más pulido, carga con estos versos; así sabrás”… que por esa herida/ que no sangra ni lastima,/ la materia se engaña en otra historia”. Que te acompañen las palabras de José Francisco Conde Ortega. Serán licores cuando lamas las axilas de tu joven amante o texturas en la tregua mientras los sudores siguen escurriendo.

 

Como un lobo que vive del viento o un marinero que regresa con su sed, ávido abreva del codicioso de la calle. Mira como los amantes con la gana a flor de carne se amasan en esta escritura.

Aquí, versos contenidos en el trazo; desbordados en la pasión carnal hasta pellizcar el tuétano. Tactos, promesas, perfumes, solos de violín, lengüetazos y otros ardores son el escozor en la oreja de la joven-niña que escucha “Desnudo de ti quedo, amor,/ en esta espera/ que se busca en el verbo de tu cuerpo”. Si quieres ser diestro en amores y lujurias abre las páginas de este libro y verás que a la manera del Cantar de los cantares o de las Jarchas, JFCO brinda y celebra los encuentros amorosos. Porque el amor es ese comenzar y siempre saberse a la deriva. Porque uno anda con una sed de cuerpos, un afán por incendiarlos y dejar que se consuman./ Porque en Práctica de lobo la experiencia vivida es igual a la experiencia textual y uno sabe que la carne se transforma en nombre, y ésta en el nombre de todos los cuerpos. Y que el amor no perdura, sólo queda su goce./