La casa de Jack

por Alba Laura Bojórquez

La casa de Jack
Dinamarca, Francia, Alemania, Suecia. 2018

La casa de Jack es una cinta sobre un asesino serial, cuya narrativa casi lineal, es a travè del diálogo que escuchamos en off entre Jack el psicópata, con Virgilio el poeta romano nacido en el año 70 A.C.
          Lars Von Trier nos presenta en shocking el gusto «artístico», o esteticista del Ser incapacitado de experimentar empatía por lo demás seres humanos, y que lo lleva a cometer los más atroces y elaborados asesinatos. Pongo de ejemplo la sofisticación nazi en la música y la pintura (robada). Esta búsqueda chocante se puede encontrar en el personaje de Hannibal Lecter desde El silencio de los inocentes de 1991, y posteriormente en la serie Hannibal de Netflix, en el capitulo donde a semejanza de La casa de Jack, el psicópata apila estéticamente los cadáveres hasta formar un tótem.
          Creemos que Mat Dillon se quedó con el papel principal, pues su participación en la cinta Crash del 2004 interpretando a un policía racista y abusivo fue insuperable. Sin embargo en La casa de Jack no logró la mirada vacía del asesino serial que encontramos magistralmente en la interpretación de Anthony Hopkins. Tal vez sea por ello en la edición agregaron la imagen de un tigre de bengala como recurso compensatorio, pero que resulta un tanto estudiantil, o chapucero.
          No es todo, la cinta se siente forzada y artificiosa en los diálogos, y quizá sea porque la ambición de Lars Von Trier fue lograr un Frankenstein psicópata, pues la referencia a asesinos seriales famosos es muy clara. Ed Guein, el cazador Robert Asler, Richard Ramirez, etc. son asesinos que van formando el rosto de ese Frankestein que exhibe las suturas burdas de su rostro. El resultado en pantalla es desconcertante, pues Richard Ramirez fue un asesino impulsivo que jamás planeo sus asesinatos, a diferencia de Asler por ejemplo. Lars Von Triar no investigó (aunque su obra sea una adaptación) que no es igual un tipo de asesino serial, que otro.
          El director danés fue etiquetado como un cineasta «revolucionario» cuando en1995 fue fundador de Dogma 95, una serie de postulados que defendió vehementemente, pero que ya se ven abandonados en su trabajo Melancolía del 2014. En La casa de Jack se nota con claridad que cuida mantener el «sello» que le dio Dogma 95, pero al final de la película recurre a las bondades del cine digital para llevar a Jack y a Virgilio en la huida de la justicia a un viaje por el Hades, tal como Dante Alighieri describe en La divina comedia, donde Virgilio es el guía de dicho tránsito.
          En esa secuencia final el Director nos regala lo mejor que tiene como creativo, como lo hizo en El anticristo de 2009, al plasmar la sutileza de lo simbólico, la fuerza de lo provocativo que se abren generosamente en torno al infierno como metáfora del vacío que se lleva internamente consigo. Sin embargo a nuestro gusto, esa escena la encontramos mejor lograda por Robin Williams y Max Von Sydow en Más allá de los sueños de 1998.
          Ver en pantalla al actor alemán Bruno Ganz en el papel de Virgilio “dime Verge” es una suculencia, especialmente para los que guardamos una fidelidad silenciosa por su trabajo en Las alas del deseo de 1987, dirigida por Wim Wenders.
A pesar que con La casa de Jack Lars Von Trier vuelve a causar polémica y revuelo en los círculos exquisitos del cine, es muy posible que tal reacción sea porque es odiado por muchos, no tanto por su gusto por las escenas aberrantes, como por sus comentarios racistas de 1995 «entiendo a Hitler».

Ir a la barra de herramientas