Mar de sombras. Australia 2018.

por Alba Laura Bojórquez

Documental seleccionado por el festival Ambulante 2019, plataforma de cine documental de México, que este año esta cumpliendo 14 años; y en su favor hay que decir que además de la exhibición de documentales, ofrece otras actividades como clases magistrales y talleres.

      El director es Richard Ladkani, quien tiene un largo trayecto con once cintas como realizador. Mar de sombras es una historia que se desarrolla en el Mar de Cortés; específicamente en el puerto de San Felipe en las inmediaciones de Mexicali, Baja California.

      El tema que aborda es la inminentemente extinción de la especie marina conocida como vaquita marina. La sobrexplotación por medio de redes de pesca ilegales que buscan la captura de la totoaba, un pez que se vende en el mercado negro de China, especialmente en Hong Kong. A este pez los chinos le atribuyen poderes curativos y mágicos, aunque los estudios científicos han desmentido todo ello.

      El costo que alcanza la demanda de la totoaba en el mercado negro, lo sitúa como el tráfico ilegal más rentable, incluso superior a la misma cocaína. Por desgracia estas especies marinas son endémicas de esa zona, y no se  ha logrado que su reproducción sea viable fuera de su hábitat.

      La realización del film es impecable. Sobresale la fotografía, la edición, el sonido, la edición de sonido y especialmente, la producción. En ella se involucraron personajes como Leonardo Di Caprio, y organizaciones ecologistas de gran peso como lo es Sea Shepherd, quienes manifestaron en distintos medios que apoyaron el proyecto porque ese ecocidio se da a unos pocos kilómetros de las playas de California, es decir, muy cerca de la frontera con EU.

      Gran parte del material de cualquier documental se va produciendo in situ, dependiendo en gran medida de los recursos, el personal, pero sobre todo de la voluntad del mismo realizador. Eso es lo que encontramos en Mar de sombras: la agudeza necesaria, incluso, el arrojo temerario para poder hacer un documental que por su naturaleza conlleva grandes peligros para el equipo. Mar de sombras se extiende más allá del tema de la extinción de la vaquita marina, y logra conformarse como una cinta acerca de una mafia poderosa. Entrevistas en frío, grabaciones entre fuego cruzado van materializando este propósito. Destaca sin duda un valiosísimo material que se logra por un hombre infiltrado quien graba las confesiones de uno de los capos mayores de esta mafia. Un sujeto chino quien va desvelando el modus operandi de su organización, producto de su mente criminal.

       El contrapunto resulta la autoridad militar a cargo de la operación de resguardo de la vaquita marina: incompetente, rebasada, miedosa. Se percibe  la colusión, es decir, una alta traición al puesto que se les ha confiado.

      El espectador se mantiene con el aliento contenido en su butaca. No solo porque vemos los caídos de esta guerra. El documental nos hace testigos de cómo el hilo delgado de la sobrevivencia de esta sensible y bella especie marina se rompe ante nuestros ojos. Las explicaciones de la bióloga marina a cargo del Programa federal de rescate de la vaquita marina son testimonios que exprimen las fibras de compasión que aún nos quedan.

       El seguimiento al equipo de salvamento que recorre las aguas buscando avistar a las vaquitas marinas antes de que encuentren su muerte, nos remite a aquellas imágenes emblemáticas en su tiempo (tal vez de los 90) de las embarcaciones de Greenpeace; quienes con el propósito de disuadir la caza, interponían sus botes entre los arpones de barcos japoneses balleneros, y esos cetáceos que perseguían. Estas historias que han quedado en el inconsciente colectivo, logran trazar una línea de tiempo de la depredación sistemática que ha sufrido el ecosistema de todo el planeta.

      El resultado es una película con cada arista o variable que se presenta en esta guerra. Para cuando aparecen los créditos en la pantalla los espectadores muestran en sus comentarios un incómodo sentir de  desesperanza, indignación, y hasta un dejo de culpa. Sensación tal vez injusta, pero insignificante en comparación de la depredación irracional que sufre este frágil animal marino.

      El horror de la realidad afecta más que el horror de la ficción; y se fija más profundo en la emoción humana. Ese es el valor inmanente de un buen documental, como lo es Mar de sombras.

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