Guillermo del Toro. Creador meticuloso de sueños y pesadillas

por Alba Laura Bojórquez

Me propongo en cada número de Vuelo de Jaguar intentar hacer un análisis cinematográfico de los llamados “tres compadres”. Conocidos así por ser los tres directores mexicanos más exitosos de todos los tiempos en la meca del cine. Nos referiremos a las  obras de Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón.

        Guillermo del Toro se distingue por apostar siempre por su gran pasión: el género de fantasía y suspenso. Es por ello que de este realizador se sabe qué esperar; sus películas son las más esperadas, es decir, tiene más seguidores en relación a sus otros “compadres”.

        Podemos decir, sin temor a exagerar, que su creatividad es equiparable a la de Stephen King. Es decir, encontramos en ellos mentes creativas de historias fantásticas y del horror cuyo propósito es maravillar al público con sus  personajes inolvidables. Así como a Stephen King se le asocia con muchos de sus personajes, como el payaso maléfico It (Eso), Guillermo del Toro estará ligado por siempre con el tiernísimo Fauno o con el imponente Hellboy o bien con el silencioso galán escamoso de La forma del agua. Ahora mismo Guillermo del Toro comparte en su ciudad natal una exhibición de los personajes originales de su creación.

         Tal vez una de las claves de las que pocos se percatan, sea el hecho de que este realizador es un lector apasionado, y su enorme biblioteca da fe de ello. Además, ha escrito algo más que no sea algún guión. Primero, una novela llamada Oscura, a la que le escribió una secuela que lleva por título Nocturna. Aunque a nuestro juicio su libro más relevante es el que escribió sobre la obra de Alfred Hitchcock.

          Es cierto que aunque hablamos de la desbordada creatividad, tanto de King, como la Del Toro, detrás de ellos hay una larga tradición literaria y también cinematográfica. Por ejemplo, el insuperable legado de H. P. Lovecraft o la larga cadena de éxitos del gurú del cine de terror George A. Romero. Se puede decir, y se dijo en detrimento de Guillermo del Toro, que un monstruo de la laguna es una historia vieja. Incluso Hellboy existía ya como una historieta. Sin embargo, esas historias seguirán fascinando a la humanidad, tal vez porque como descubrió el filósofo y antropólogo Levi Strauss en sus trabajos sobre culturas ancestrales, las sociedades primigenias intentaron explicarse lo que no podían a través de historias fantásticas llamadas mitos. Historias donde los protagonistas eran dioses y tenían poderes y formas que no son humanos. En los mitos originales se encuentran los primeros relatos de la lucha del bien y el mal. Son poderosos porque los mitos fueron trasmitidos como religión y donde hay religión, hay miedo, admiración y reverencia. Además, lo divino no se cuestiona. O al menos así ocurrió durante milenios.

          Se dice que los griegos y las culturas de Mesopotamia ya habían inventado todas los mitos posibles. Pero no se mal entienda, queremos enfatizar que aquello que vive más profundamente en el inconsciente colectivo, es lo que sin duda actuará siempre como un resorte infalible para provocar expectación y fascinación. Guillermo de Toro lo sabe perfectamente.

          Pasando al análisis técnico de su obra, hay que decir que su éxito no ha sido gratuito. En su larga carrera se formó varios años como diseñador de maquillaje y efectos especiales al lado de uno de los más grandes de la historia de esta especialidad, hablamos de Dick Smith. Después de trabajar diez años a su lado, Guillermo crea su propia compañía llamada Necropia.

          Por otra parte es conocida su meticulosidad en el proceso de preproducción. El éxito de La forma del agua se explica por el modo en que logró que los estudios Fox financiaran su proyecto al invertir de su bolsillo una gran cantidad para  especialistas y asesores, nada más para presentar el proyecto a la productora. Quizá la explicación de ello sea que Guillermo del Toro debe de ser de los creativos de la industria a quien más proyectos le han cancelado. Además de  películas, ha dejado en ciernes programas de televisión y hasta videojuegos.

          Es un cineasta que sabe que el género de horror mal ejecutado puede sepultar una carrera, por lo que no existe ningún descuido de su parte en trabajar el guión a profundidad para que el resultado en pantalla sea verosímil, humano y universal. “Se debe trabajar el doble en este negocio” afirma del Toro.

          Gran parte de su creación la consume la dirección de arte: el cuidado de la paleta de colores, las texturas, la luz, el vestuario y la ambientación. Sabe que detrás de una película de este género hay toda una tradición de cómics, dibujos animados y videojuegos. Su objetivo es convencer al asistente promedio a las salas de cine, pero especialmente a los ojos de jóvenes y entrenados, los consumidores de cosmogonías alternativas.

          En el ambiente del cine se dice que se trabajan algunos proyectos para “el gasto” y otros “para el gusto”. De los primeros sin duda esta Mimic, Blade II, Pacific Rim y Pinocchio. En los segundos cabe el resto de sus películas; es decir Cronos, El espinazo del diablo, El laberinto del fauno, Hellboy y sus secuelas, La cumbre escarlata y por supuesto La forma del agua. Su destreza lo lleva a crear con asertividad tanto una versión de robots o antihéroes hasta historias góticas como lo es La Cumbre  Escarlata.

          Hay más por decir de Guillermo del Toro. Los cuadernos que en cada filmación llena de notas y dibujos a modo de storyboards. Su altruismo como mecenas y maestro para los nuevos cineasta de México a quienes apoya principalmente en la formación de las técnicas de stop motion y animación por computadora; las piedras angulares de la industria emergente más rica de nuestros tiempos: los videojuegos. Pero si nos centramos en lo que ha aportado Guillermo del Toro como cineasta, se resume en ser un creador muy bien preparado para su especialidad, lo que incluye su pasión por la lectura. Cuidador al extremo del detalle y que conceptualmente genera personajes fantásticos originales dentro de sus predecesores; y cargados de virtudes y defectos divinos e infernales, que resultan verosímiles.

          Cabe aquí citar de una entrevista, una frase de Guillermo del Toro al respecto de ese ir y venir indefinido que nuestro inconsciente colectivo hace entre la realidad y lo irreal: “Hay que hacer el mundo lo suficientemente reconocible como para anclarnos en una realidad y lo suficientemente mágico como para transportarnos fuera de ella.”  Creo que ese equilibrio existe en su mente creativa y logra con cada obra suya llevarlo hasta el espectador.

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