El tiempo como equilibrio entre la materia y el espíritu José Francisco Conde Ortega

por Eduardo Cerecedo

En el año de 2001, la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco en su Colección Libros del Laberinto, Edita Práctica de lobo Poesía Reunida, 1985-1999, de José Francisco Conde Ortega, diez libros de poesía contenidos, un volumen bien cuidado donde cada poema tiene su espacio, su propio territorio para asignarle a cada cuerpo lingüístico, la virtud poética. José Francisco Conde Ortega ha ido caminando sin prisa, con cautela, el ritmo lo marca la cadencia de su pulso; el poeta ha observado el tiempo, entra en él, se sumerge, sale renacido para volver con ojos limpios a su circunstancia. El amanecer, la mañana, el correr del día, la tarde, la noche son escenarios donde la palabra se vuelve tiempo, lo retiene para que aparezca la dama, la mujer amada, porque el amor cobra al tiempo su designio. En eso se iguala al poeta Rubén Bonifaz Nuño, al centrar su condición de paria ante la belleza femenina, el mundo tiene valor por que se ama. Expresión que se justifica en Fiel de amor, si antes ya nos había sorprendido con Práctica de lobo, ahora vuelve a hacerlo con esta selección de poemas de corte amoroso, editado por Editorial praxis en 2009. No obstante a ser un volumen breve, están, los poemas que debe quedarse, pues, son frutos cuyo tratado erótico conduce al movimiento amoroso; movimiento estático, donde la reflexión es el fruto de enlace con la historia.

 

El poeta ha iniciado el caminar de su escritura de manera ascendente, también, quiero decir, que mantiene esa congruencia de creador con la vida en la que participa en las sociedad, el poeta ajeno a becas, a participar en los premios de literatura  cercanos a los gobiernos como instancias culturales. Apenas en 2012 rechazó el Premio Estatal de Literatura Estado de México, dejando a un lado jugosa recompensa económica. Sin embargo aceptó un homenaje en la UAEM coordinado por un poeta, amigo suyo, desligado de la Universidad; al igual el Homenaje que le brinda el Instituto Nacional de las Bellas Artes, el pasado 2012, por sus sesenta años de vida.

 

Así es el hombre que camina en su escritura, línea imaginaria de tiempo. Saludable por supuesto que el poeta haya reunido una Antología poética cuyas vertientes estéticas favorecen, ese espíritu creador, que lo ha llevado a facturar libros ya indispensables para la literatura mexicana, como lo son: La sed del marinero que regresa, Los lobos viven del viento, Rosa de agosto, Codicia de la calle, por citar parte de la bibliografía del autor, también, de La esquina  de los hombre solos .(Crónica) La selección de poemas que integran el presente volumen fueron tomados de doce libros, diez de ellos contenidos en Práctica de lobo Poesía reunida 1985-1999, a estos se suman Cuaderno de febrero Fiera urgencia del día. Un mosaico poético – para satisfacción de sus lectores – que José Francisco Conde Ortega ha reunido. El compendio es el segundo, antes había editado  -como arriba cité- Fiel de amor, (2009) poemas de tema amoroso. Ahora a esta Antología poética la nutren poemas donde aparecen los ejes poéticos y temáticos  que son la fuente cardinal de su poesía. Y que le han  ayudado a manifestar su pensamiento en su quehacer con las palabras. Por supuesto, el trato con el verso libre lo ha llevado a conformar un lenguaje rejuvenecido, conocedor de las formas clásicas, aquí da muestra de ello y lo confirma en el libro Fiera urgencia del día, poemario dedicado a sus amigos, maestros y a sus seres queridos; es el soneto que ha utilizado para expresar ese  agradecimiento por el don de la vida y de la amistad, a lo que ello refiere. En este tomo surgen la conciliación de el amor y sus consecuencias: la soledad, la tristeza, el odio cuando es el caso, la alegría, el coraje, el abandono, la muerte. El tiempo como equilibrio entre la materia y el espíritu. Estos elementos viven y conviven en el ser humano, al poeta le han ayudado para conocer el triunfo y la miseria humana en que se encierra el hombre para mirar a veces su condición de mortal.

 

En ese mundo cotidiano, la poesía de Conde Ortega cae al alma, como una cucharada  de frescor, o como el amanecer de un día lluvioso, donde el sol aún tierno se deja mojar por la luz que ha ganado resplandor. E poeta saluda al nuevo día y expresa:

 

Todavía es octubre

y una hoja sin viento

quedó como dormida

bajo tu clara sonrisa.

 

El poeta no teme decir lo que siente ante la mujer hermosa, aquí la belleza de sus versos, la claridad de sus palabra para formar el mundo que ha conquista do con su voz. Cuando el artista no está de acuerdo con su universo, con los años, con los días, con su geografía, pues crea su propio  mundo para asombrar, de esta manera se congratula o se aleja de sus lectores; es la primera la que ha tomado Conde ortega para beneplácito de los que lo hemos leído. Veamos otra manera de  observar el tiempo:

 

 

Un milagro que nace de la noche.

Y cada alba es oro;

y oro y luz, la madrugada

 

Esta presencia retenida lo justifica como observador del instante, porque la mujer que ama ha compartido con él el tiempo, un instante por efímero que sea, le convida algo que lo hace real y bondadoso con sus semejantes. Así ha ido ascendiendo la poesía Conde Ortega, en cada libro que pone en librerías del país.

 

Pues abundante es el contenido de esta Antología Poética  en temas, como, para que el lector haga justo ese deseo ferviente del poeta, de recitar de memoria, no sólo un verso, sino un poema, para recordarlo, y así que no haya sido en vano su paso entre nosotros. Pero en el caso del poeta nacido en Atlixco, Puebla, 1951, aún tiene una veta que trabajar con mesura, como lo ha venido realizando con su poesía, en otro tiempo escribió Jaime Sabines: En silencio como se hace la luz dentro del ojo. Qué más se le puede pedir al creador, más que continúe con esa labor, la del espíritu, al plasmar  su vida, sus deseos, sueños, con lo que trae dentro, ponerlo en la balanza de la vida cotidiana. Para seguir probando esos frutos terrenales ¿qué a veces se le niegan? ¿O se le rebelan? Veamos que nos dice el poeta:

 

Vemos pasar a las muchachas.

Tomamos ron, agua o cerveza.

Jugamos con nuestro reloj de arena.

 

Allí la visión del poeta, lo que expresa es algo fugitivo, los verbos llevan el ritmo de la marcha, el tiempo corre dejando ese vacío del momento. La imagen de la clepsidra cierra de manera puntual la idea  fugitiva de la escena. Por tanto, el poeta nos lleva por los distintos momentos de su creación en Antología poética, sirva ésta para que se refleje un tiempo, una historia espiritual, una geografía cotidiana que el poeta ha sabido capturar con su oficio, el de la escritura, haciendo de las palabras, un lenguaje peculiar, dotándolo de frescura y asombro en cada poema. Aquí el poeta compartiendo su palabra, su voz, y su presencia.

 

Ixtapaluca, Estado de México, invierno de 2017.

Director Editorial

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