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Despierta (Cuento)

por Alfredo Lozano

Después de esa noche siento que algo me falta, siento que una parte de mi anda perdida por ahí seguramente buscándome para completarnos.

La última corrida salió pocos minutos después de la media noche y el tren anunciaba la salida con la estridente alerta, que en aquella ocasión me hizo correr desde los pasillos con gran esfuerzo y a pesar de mi condición que es pésima por tanto fumar logré llegar de un salto.

Alcancé con grandes zancadas ingresar al vagón y el cierre de puertas casi me golpea en el rostro al voltear para asegurarme que no viniera nadie a quien pudiera auxiliar en su abordaje. Pero no hubo nadie, llegué solo y cuando recuperé el aire y giré la vista para tomar asiento, me sorprendió ver al otro extremo del vagón a un sujeto completamente dormido en un asiento individual, se notaba cargado de un sueño pesado, pues no se movía y daba la impresión de estar muerto o desmayado. Esto no me resultó extraño, puesto que a estas horas viajan muchos vagos o borrachos que aprovechan el metro para dormir sin que nadie los moleste.

Tomé mi asiento, pero una extraña sensación me recorrió desde la espalda hasta el cerebro, no hice más que relajarme y mirar por la ventana hacia la oscuridad del túnel. Una extraña curiosidad hacia aquel sujeto comenzó a invadirme y al poner un poco más de atención, me percaté de que había algo muy familiar en ese tipo. En la forma como estaban entrelazadas sus manos y en su rostro que apenas podía ver porque su cabeza colgaba, derrotada por el sueño, lo observé un poco más y al fijar mi vista de lleno, el escalofrío que antes había sentido, se manifestó con más fuerza.

De principio no supe que hacer pues creí que estaba soñando y es que en ese instante y al notar los detalles del sujeto; me di cuenta que era yo mismo el que dormía profundamente en aquel solitario vagón, fue estremecedor y muy confuso lograr asimilar aquella escena tan surreal. Cómo era posible que otro yo durmiera justo frente a mí en un vagón del tren a esas horas de la noche. No había lógica que supusiera tal extrañeza.

No sabía qué hacer y trate de relajarme y dar una explicación mientras observaba ya en un estado de miedo, como mi otro yo, parecía inconsciente de lo que pasaba. Mientras tanto la marcha del tren continuaba y en ninguna estación abordaba nadie que pudiera atestiguar aquel suceso inédito. Me pregunté que debía hacer, y sí de verdad ése otro, era yo o quizás solo era alguien en extremo parecido físicamente. Aunque me impresionaba como dije antes la postura del cuerpo y las manos; en esa posición que siempre adopto cuando duermo sentado. Y si estoy muerto y tan solo soy el alma de este pobre; quise hacer una prueba e intenté atravesar el muro como hacen los fantasmas en las películas, pero fue algo estúpido, pues no funcionó y me vi ridículo de haberlo intentado, luego pensé, en que tal vez, era una ilusión por el cansancio, pero al querer cerrar los ojos para saber si era un sueño, sólo me incomodaba la sensación de no poder pegar la vista más de dos segundos.

¿Qué sucede entonces, me pregunté? ya más alterado, es que acaso existen otros yo vagando por                                                                                                                                                                                                                                   ahí sin saber los unos de los otros, no lo sé.

Estaba a tan sólo dos estaciones de llegar a mi destino y tomé una decisión; iba a despertar al otro, pues éste no daba señales de despertar por sí mismo, me puse mi morral en el hombro y cautelosamente me acerqué a su lado, ya frente a la puerta, con la intención de que, si todo había sido parte de mi imaginación y aquel sujeto fuera cualquiera, con un parecido similar a mí, pudiera bajarme de inmediato sin tener que quedar, en una postura incomoda, al despertarlo porque sí. El metro entré al andén y unos segundos antes de detenerse toqué el hombro del tipo, lo cual me mareo de sobremanera haciéndome perder un poco la noción y el equilibrio, cerré los ojos y al abrirlos estaba sentado junto a la puerta, sonaba la alerta del cierre de puertas, así que salté para salir vagón. La puerta se cerró y recordé al sujeto. Miré hacia el interior del tren en marcha y vi a alguien igual a mí marcharse con una mueca de sorpresa e incredulidad en su mirada; no supe que hacer, tan solo seguí mi camino a casa con la sensación de que olvidé algo en aquel viaje nocturno.

 

 

 

JOSÉ ALFREDO LOZANO. Distrito Federal, 22 de agosto de 1993. Asistió al Taller de narrativa en el Faro de Oriente, coordinado por Eduardo Cerecedo. Ha publicado cuentos en la revista Bulimia de Camaleones, Revista literaria núm. 14, Febrero de 2017. En Cuatro vientos, antología de cuento, Compilador. Eduardo Cerecedo, Eterno Femenino Ediciones, 2016, Buscando el mar, Antología de cuento, EFE, 2020. También en La jiribilla, Suplemento Cultural de Gráfico de Xalapa.