Conde Ortega: Poeta y patriarca

Por Fernanda Cabildo

Conde Ortega es de vocación y la mayor parte del tiempo un profesor involuntario, su conversación es una fiesta y una cátedra, en la tertulia un taller inagotable en que su voz se abre un espacio para oírse siempre fuerte, modulada y él diría, seguramente, siempre verdadera.

En medio de la celebración que es su nombre y sus voces crónica y narrativa, en el silencio, yace el poeta que se sabe de genio, pero que nunca ha escatimado en oficio; en lo que en un hombre cualquiera es la ausencia total del sonido, se revela el rumor del amor que Conde Ortega confiesa por la amistad, la ciudad, los boleros, la familia y sobre todo: por su hijo y por su esposa. Y adentro, muy adentro de su obra poética hay tres peldaños que portean el umbral de su dolor: Rosa de Agosto, Fiera urgencia del día y Canto del guerrero; este último, la onomatopeya del dolor primigenio, la ausencia del padre, un silencio, de pronto, dentro del silencio; canto a lo humano donde el poeta extiende su rigor formal junto a la exactitud léxica ya conocida de su obra:

 

“Último día de julio del setenta,

Ya no hay razón de ser

para este mundo, ahora inacabado.

La muerte en plena vida.

Nada sirvió la familiar plegaria”, dice.

 

“En vano busca la tranquilidad en el amor”, dijo Quevedo, Conde Ortega lo sabe, Canto del guerrero es el testimonio de dos patriarcas: uno que no pudo quedarse y otro que se formó desde ese último día de julio del setenta. Eligió además del de poeta, el oficio de patriarca:

 

“Yo era el hijo mayor. Tenía dieciocho

años, la prepa a punto,

unas cuantas lecturas, pocos versos.

Vi llorar a mi madre

hasta su muerte, a solas. No es metáfora.”

 

El Canto del guerrero es un triunfo estético en fondo y forma y es, principalmente, el triunfo de la dignidad, inteligencia y amor al trabajo sobre el dolor y la muerte. Pese a no ser nadie para contradecirlo, me permito; Maestro Conde Ortega: sé de buena fuente que sí sirvió la familiar plegaria, sirve en la casa que inició y que es y será el abrigo de nuestros sueños.

 

 

Fernanda Cabildo  estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es profesora de lengua y literatura y de español para extranjeros. Ha publicado poesía en antologías como Ardiente Coyotera y ensayo literario en Tema y variaciones de literatura.