Tr贸picos II. Tu cuerpo como un r铆o, poes铆a amorosa, versos para hacer el amor

por Patricia Cervantes

Eduardo Cerecedo me pidi贸 lo acompa帽ara a presentar su libro Tr贸picos II. Se trata de una antolog铆a de poes铆a amorosa que rescata de varios de sus libros cuyos t铆tulos son, en s铆 mismos, im谩genes po茅ticas: Cuando el agua respira, La dispersi贸n de la noche, Agua nueva, Nombrar la luz, Condici贸n de nube, Contra el fuego.

Reci茅n me he asomado a sus Tr贸picos y a su Soltar el coraz贸n. Quiz谩 a uno de mis afanes鈥 estimular, incitar, motivar, fomentar, persuadir la lectura de sus libros y la lectura de poes铆a en general.

Me parece que en principio, para abordar la producci贸n de un poeta deben tenerse en cuenta dos elementos: el estilo y el mensaje. El estilo es la manera de c贸mo el escritor tiene que ver con la materia (en este caso la poes铆a) y resulta ser algo tan circunstancial como su propia vida, y este tener que ver puede equipararse con –o ser lo mismo con otro nombre que– la inspiraci贸n, la creatividad, el talento. El mensaje es lo que se dice con el estilo.

El estilo en Tr贸picos est谩 vinculado estrechamente con una superficie, de alrededor de 500 kil贸metros cuadrados, ba帽ada de sol y delimitada en gran parte por agua: el mar de un golfo y la corriente de un r铆o. Ah铆 se desarroll贸 la primera etapa de la vida de Eduardo. Por eso sus poemas son h煤medos, soleados, salobres; con aroma a caf茅, vainilla, naranjas y leche de vaca; con sonidos de mar, de viento; de colores azules de cielo y de mar, amarillos de mango, verdes de bosque. C贸mo eludir la cuna, la patria chica, c贸mo no dejar que el torrente de palabras remita a Tecolutla, c贸mo evadir el sino: las figuras e im谩genes po茅ticas saben a zona t贸rrida.

En cuanto al mensaje, es claro, contundente, nos deja saberlo desde el primer momento, sin tapujos; vean si no: La semilla de agua/ ha brotado de la rosa/ que crece/ entre tus piernas./ Donde el colibr铆/ incendia su garganta. Es el amor, el erotismo; tema sempiterno del poeta, consustancial al ser humano. 驴Pero qu茅 lo salva del 鈥渦no m谩s鈥? La respuesta se encuentra en: la sencillez que apela a la cotidianidad 鈥揹el desayuno, de la mujer que lo llama a comer, de la mano furtiva que en la noche, compartida mil veces, busca el atajo de luz que hay entre sus piernas, del deseo de recostarse en los gestos de la pareja que duerme en la cama disfrutada en com煤n– y el poder sint茅tico de breves versos que bien pueden leerse a la luz de un cocuyo.

Y aunque el amor es uno s贸lo y el deseo tambi茅n; no lo son las mujeres inspiradoras y destinatarias ni la forma que adquieren 鈥揺l amor y el deseo– para expresarse. Hay en momentos a帽oranza: El r铆o que galopa/ en mis venas,/ lleva el incendio/ de tu primer beso.
鈥 cuando te pienso,/ el silencio me deja/ el sabor de tus pechos/ en la boca.

En otros s贸lo urgencia: Es dulce tu boca/por ella busco/ el vino que te puso as铆.
Amiga, el vino/ es m谩s sabroso/ en tu lengua./ Por eso ahora/ veo doble el cielo鈥

Me pareci贸 atisbar tambi茅n, diferencia entre el amante coste帽o y el urbano. Aunque ambos tecolutle帽os, los dos sedientos amorosos, el objeto de su amor no es el mismo ni tampoco las formas que elije para decirlo y demostrarlo; nos encontramos con el poeta de la apacible dulzura provinciana que declara: Tu risa/ fulgor que emite luz/ en su interior./ Hace del d铆a/ un incendio que furtivo/ en los naranjos arde. En contraste con las palabras apuradas, casuales, grises, de un amante citadino: Son las ocho y cuarto de la ma帽ana/ y la ciudad ha adquirido un color de tibur贸n/ en sus calles, sus fauces tiernas a煤n / me muestran el Palacio de las Bellas Artes/ derruido por las horas que galopan r铆os de autos,/cl谩xones derramados sobre arterias de ese monstruo/capitalino, caminamos, ella decide por un caf茅, pan./El hotel nos aguarda el 306, en una esquina de la ma帽ana/que se acurruca sobre carteles el茅ctricos.

聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽 Al final de Tr贸picos II, nos regala un poema en prosa en el que encontraremos la g茅nesis no s贸lo del subt铆tulo, del mensaje mismo: Ahora me alumbro con tu voz bajando las s谩banas de tu cuerpo que como un r铆o quieto, dormido aluza lo que escribo.

隆Aaah, Cerecedo! 驴Ser谩s consciente de las humedades que provocas con tus versos? 驴De las encantaciones que nos apremian para hacer el amor leyendo tus poemas? No creo; t煤 s贸lo fuiste t煤. Nos regalaste tu poes铆a intimista y nosotros nos consagramos devot铆simos voyeur.

 

Lean este Tr贸pico II. Tu cuerpo como un r铆o. Poes铆a amorosa, tomando la mano a su pareja y dejando que suceda鈥o que sea que suceda.