No vengo a platicarles quién es Ramón Iván Suárez Caamal porque lo conocen mejor que yo, su simple lectora. Aunque lo conocí hace muchos años, cuando éramos realmente jóvenes, y a partir de entonces he cultivado con él una amistad cariñosa, ésta es literalmente distante porque hizo su nido en Bacalar.
He leído a Ramón Iván con admiración y respeto, y cada vez que lo veo, confirmo la percepción que tengo de él: un carácter dulce y templado, bondad en el corazón, sencillez y entusiasmo por el trabajo de los niños y los jóvenes de sus talleres. Lo ha caracterizado un empecinamiento en rescatar a los poetas de la soledad de sus propias páginas. Maestro ha sido Ramón Iván en todo lo que ha hecho: en la escuela y en el taller, en la actitud, el papel y la palabra.
Bastaría decir, por ejemplo, que gracias a él y a sus talleres, a lo que comenzó hace muchos años se ha consolidado un fuerte grupo de escritores calkinienses, a quienes dio armas literarias y seguridad, y ahora tienen presencia, peso, y pluma: Santiago Canto Sosa, Luis Alfredo Canul Tun, Jorge Miguel Cocom Pech, Briceida Cuevas Cob, Waldemar Noh Tzec, Ernesto Rodríguez, Miguel Suárez Camaal y Ramiro Suárez Huchim, entre otros. Un grupo que tiene una relación intensa con el suelo natal y la herencia maya, lo que los hace especiales y distintos, porque como en Ramón Iván la tierra, el mar y el medio ambiente mueven sus acentos, se nos revelan como parte inseparable de su poesía.
Suárez Caamal ha obtenido muchísimos premios, entre juegos florales y certámenes literarios dentro y fuera del país, pero entre todos ellos, quizá el Premio Internacional de poesía Jaime Sabines; y éste, es decir, el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños de la Fundación para las Letras Mexicanas y el Fondo de Cultura Económica quien hace la publicación de los poemarios ganadores, sean los más importantes. Tiene, por supuesto, otros premios de valía como el Justo Sierra, muy merecido por su trayectoria. No poca cosa. Mientras él se ha conservado igual,
tranquilo, sereno, campechano.
Todos sabemos que su poesía es basta, que ha crecido considerablemente desde su primer poemario. Gran parte de ella fue recogida por la Secretaría de Cultura del Estado de Campeche en Poesía reunida, en 2007; y digo gran parte, porque ahora, cuatro años después de la publicación, ya queda algo fuera. Ramón Iván vuelve a tener obra suelta, como el libro que nos ocupa hoy: Huellas de pájaros. Y esperamos que siga produciendo, ya que deseamos seguir leyendo su obra, construida con las cosas y los objetos del quehacer cotidiano, los personajes de la vida diaria, la naturaleza de la región que lo vio nacer, el colorido del terruño pero re elaborado todo no sólo con oficio sino con el alma y la fuerza del poeta. Porque si algo tiene Ramón Iván es oficio y espíritu sensible, aunque también ha logrado cada vez más la sencillez en su literatura, que es también difícil de encontrar hoy en día.
Si alguien me preguntara cómo es Ramón Iván, dejaría que su poesía hablara por él. Escuchemos, por ejemplo Soneto a Calkiní:
Como el pozo o el ala del sombrero
de líneas circulares es mi canto;
se tejió con la risa y con el llanto
y el corazón de un vástago de obrero.Tranquilas aguas de escondido manto,
bajo la voz, construyen mi alabanza
que sube hasta el brocal de la esperanza
y desborda los cántaros del canto.Me fui por circunstancias desiguales
a cosechar fortuna o sinsabores
lejos de las regiones tropicales.Hoy vengo a ti, solar de mis mayores,
a ofrecerte las jícaras rituales
donde quiero rimar con ruiseñores.
En la poesía de Ramón Iván, como vemos, hay un eco de ave y canto que viene de antaño. Entre sus trabajos anteriores y Huellas de Pájaros ese juego existe también porque resurgen nuevamente los eternos pájaros de la tribu, los cantores del solar. El símbolo leve de la poesía o de su música:
Pájaro alpino y equilibrista/tamborilero:/picamadero/del cocotero/para
la fiesta del bosque/¿me prestas tu sombrero?
Los poemas de Ramón Iván son en realidad su visión del mundo, tienen raíces míticas, profunda liga con la tierra que lo vio nacer, con sus ancestros y su medio ambiente, con su mundo personal.
Pero no se me olvida que esta noche nos ocupa por entero Huellas de pájaros, donde el poeta ha trabajado tanto el lenguaje que su poética ha logrado una ‘llaneza’; levemente ‘pluma’; como diría él, creo; donde la música y la emoción se unen para expresar atmósferas e imágenes propicias que despiertan la fantasía de los niños.
En este libro Ramón Iván ha reelaborado el mundo de su propia niñez para crear nubes de sueños, metáforas insólitas, imágenes únicas: Hay-en el-ancla-la-son-risa-de un gato-que-adora-el-agua o De nube en nube-agua fresca de cántaros-saltan en zancos-los relámpagos. Poesía pura que nos recuerda los haikús de Tablada: Tierno saúz / casi oro, / casi ámbar, /casi luz…
El libro hay que verlo, además. Desde luego puede ser leído en voz alta a los niños, pero si ellos lo ven al ser leído o lo leen, gozarán de un doble regalo: Ramón Iván escribió los poemas con formas gráficas: precisamente como escribió Tablada los ‘otros poemas’ de su Li-Po. Así, la cometa o el papagayo, como decimos aquí, por ejemplo, está escrito en forma de papagayo, los relámpagos en forma de relámpagos, el cántaro en forma de cántaro… Además, hay un plus, que son las ilustraciones sutiles e ingeniosas de Mauricio Gómez Morín.
Ramón Iván le invirtió todo su talento a los poemas, porque por ejemplo, el poema que tiene la forma de resortera no es en realidad sobre la resortera sino sobre la muerte del pájaro expresada de forma profundamente poética: …Por la Y-de tu-resortera,-por su gajo-sin hojas-no puedo-más cantar.
A lo largo del libro nos da imágenes que se quedan impresas en nuestra memoria para siempre, como este fragmento de la libélula: Naciste-de-una gota-—inmóvil prendedor de laca en los cabellos de la hierba—. (La libélula)
Otro acierto es que los poemas no tienen título, no lo necesitan porque gráficamente son barco de papel, ancla, mar, pez, pulpo, ballena, relámpagos, cántaro, cubetas, papagayo, tendedero, árbol, bambú, tarántula, mariposa, hormigas, rana, gato, vaca, etc. Los poemas tienen además una música muy refinada, son cantos llenos de luz y sombras. Suárez Caamal tiene su propia naturaleza, sus animales, sus objetos, son criaturas únicas y universales si somos capaces de descubrir las metáforas y las imágenes. como las del árbol: No tiene tronco/porque se lo tragó la noche. A este árbol lo sostienen sus pájaros, cien o mil zanates…
No quiero llamar a Suárez Caamal el poeta del paisaje, de la naturaleza, como lo fue Othon, ni el poeta del trópico como Pellicer: es, en todo caso, el poeta de los pájaros de la tribu, el cantor de los cantores, el cantor del presente y el pasado de su propia tribu, la milenaria, la de los dioses de la tierra y el mar. Lo felicito por esta entrega al juego de la poesía y por haberla llevado a los niños.

