El corazón de un árbol de poesía

por Fer de la Cruz

Que levanten la mano quienes amen a los árboles. Tengo el placer de presentarles el libro Un árbol florece sueños que en cada poema y en cada ilustración nos recuerda que las hojas que los contienen alguna vez fueron árboles, aunque, de esta feliz forma, lo siguen siendo. Su autor, Ramón Iván Suárez Caamal, ama los árboles y ama la poesía. Este es un libro que fue escrito con amor; un amor que se concreta en deleite al momento de leerlo y releerlo, de contemplarlo, de saborearlo y de sentirse árbol al hacerlo. Y es que el lector se pone en los zapatos de los árboles (mejor dicho, echa raíces en el huerto de la empatía), al hacer suyos los deseos de los árboles, al hablar con los árboles, al treparse a los árboles, al mecerse en sus ramas, al mirar la caída de sus hojas, al celebrar el crecimiento de sus retoños… y estos árboles dan frutos que son versos, o que son corazones; y sus hojas son naipes, son segundos y son barcos que surcan las ráfagas del aire; y el árbol es un lápiz o es un libro, y nosotros recordamos historias ancestrales que el abuelo contaba de las jícaras, sembramos la esperanza hecha semilla, nos mareamos con la idea de trepar las ramas altas, compartimos la angustia de algún árbol neurótico que no quiere perder ninguna hoja mientras las ve caer en el otoño; vemos cómo otro árbol libera sus raíces y vuela como un pájaro; también nos asustamos como niños al encarar la certeza ineludible de nuestro propio crecimiento. Entre tanto, sembramos nuevos árboles y condenamos las hachas porque más vamos amando a cada árbol al pasar cada página.

En vez de hacha, Ramón Iván Suárez Caamal hace uso del amplio instrumental de formas poéticas que ha venido cultivando y compartiendo de mucho atrás. Vemos un caligrama (obviamente en forma de árbol), un poema que se lee de abajo para arriba (como crecen los árboles) y rondas infantiles y otros tantos deliciosos juegos verbales que incorpora acertadamente en su propuesta estética, apta para lectores de todas las edades con la visión juguetona de un niño. Abundan los colores, aromas, texturas y por supuesto que el canto de los pájaros.

Recuerdo la Leyenda de la Tatuana, de Miguel Ángel Asturias, en la que el Maestro Almendro asume forma humana y camina entre los hombres que comercian con su alma. Recuerdo también el cuento Día del árbol, de Francisco Lope Ávila, en el que, cada año, el árbol con los frutos más sonoros de toda la comarca visita el pueblo con enorme su sonrisa de hoja a hoja. Un árbol florece sueños (Anadrio, 2013), de Ramón Iván Suárez Caamal, con las hermosas ilustraciones de Patricia Toledo, se incorpora a este creciente canon celebratorio de los árboles, ahora en tiempos en que cada vez más nos alarma la depredación de los bosques, las selvas, los mangles, por la ambición desmedida de políticos y mercaderes quienes, sin embargo, no son inmunes a la esperanzadora posibilidad de que estos poemas les llegue a tocar el corazón. Cierra de esta manera uno de los poemas:

 

“un árbol florece sueños

si tocas su corazón” (p. 41).

 

En su polifonía, escuchamos la voz de un polluelo que se cayó de su nido, la de un niño que lo quiere trepar o que tiene hambre de sus frutos, y la de un hablante lírico omnisciente, y las voces, por supuesto, de los árboles y los trinos y cantos de los pájaros que viven en los árboles. ¿Y se han preguntado qué sueñan los árboles o qué ruta siguen los árboles andantes, o si reverdecen los árboles secos al regarlos con lágrimas, o qué sería del mundo si no hubiera árboles, o cómo será el cielo de los árboles?

Las 45 páginas hermosamente ilustradas de esta primera edición de Un árbol florece sueños harán surgir incluso más preguntas y deleites para quien se aproxime a abrevar de su dulce y fresca sombra. El libro está impreso en papel couché de buen gramaje y cuenta con palabras emotivas de Marco Quintanilla en el texto de contraportada. Las ilustraciones de Patricia Toledo son un gran acierto. Felicito a Anadrio Ediciones, de Chetumal, y al maestro Ramón Iván por este nuevo fruto en el pródigo jardín de su bibliografía.

Pues, que levanten la mano nuevamente quienes amen a los árboles. Al gozar este libro, les prometo que también amarán la poesía.

 

* Texto leído por su autor durante la presentación del libro Un árbol florece sueños (Anadrio, 2013), de Ramón Iván Suárez Caamal, el 14 de diciembre de 2013, en la Casa Internacional del Escritor de Bacalar, Quintana Roo, en el marco del Festival de la Cultura del Caribe.

 

** Fernando de la Cruz Herrera. Poeta yucateco nacido en 1971. Máster en Español (Literatura Hispánica y Lingüística Aplicada) por Ohio University y Lic. en Humanidades y Filosofía. En poesía ha obtenido dos premios nacionales, uno regional y uno estatal. Es autor de los libros Redentora la voz (Ayuntamiento de Mérida, 2010), Aliteletras. De la A a la que quieras (Dante, 2011) y de los cuadernos La cuenta regresiva. Radiografía urbana mesozoica (El Drenaje, 2012) y Seven Songs of Silent, Singing Fireflies (JKPublishing, 2008). Coordina el plantel Centro Histórico del Centro de Idiomas del Sureste, en Mérida. Sus principales pasiones son la poesía (que a menudo encuentra en el teatro, la música, el cine…) la pedagogía vivencial y el constante descubrimiento de los sabores, formas y texturas de la vida humana.

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