Dos poemas

por Carmen Nozal

DE LA PALABRA CACERÍA

El movimiento de las preguntas, lo funerario de las imágenes;

del nombre, un reflejo amargo. Los he buscado en el espejo interior,

en la página del tiempo y todavía no he visto

ni un vacío ni un desprendimiento ni un objeto ni una sombra.

No he visto la angustia de la palabra cacería y la he buscado en los sueños,

en los callejones, en los túneles, en las cercanías a la inocencia.

Ahora no pienso si he de encontrar algo. Busco en todo lo que respira

una manera de sobrevivir, un tesoro que nombra y se sumerge y es lluvia y es invisible.

(Del libro: De la palabra cacería. Segunda Edición. Casas del Poeta. 2019)

 

 

 

GUERRA CIVIL

 

“La Tranquila”

murió de mi mano

con la lengua trabada en la garganta.

 

Lo último que dijo fue el nombre de su hija.

 

De Etelvina ya no se supo

y en la familia se dio por muerta,

no por desaparecida.

 

Nadie volvió a hablar de ella.

 

Una tarde sonó el teléfono.

Dijo: “Sal, estoy en la calle, te quiero conocer”.

Quería su herencia.

 

Por las escaleras

recordaba a mi abuela,

ahogándose en una palabra.

 

Segura de encontrar a una perversa,

miré alrededor del parque,

inspeccioné a las señoras.

 

Me detuvo mi nombre.

La voz retumbaba en mi columna.

Sus ojos verdes eran dos campos

con asturcones cabalgando en la neblina.

 

“Tía”, le dije,

y la guerra terminó.

 

Caminamos sobre las hojas marchitas.

La valentía tiene distintas direcciones.

Entonces, pronuncié

el nombre de su madre.

 

“La agonía es arrepentimiento”,

dijo, consolada, mientras el mar

se asomaba entre cipreses y sauces.

 

“Si estabas viva, ¿por qué no la buscaste?”

 

Habían peleado.

“Mi madre me echó de casa”.

(¿La desahució mi abuela?)

Llegaron los aviones ese día.

Caían bombas.

Etelvina, 15 años y el terror

golpeando las aldabas y gritando:

“Ábreme la puerta, madre.”

Mas “La Tranquila”

la dejó en medio de la contienda.

 

“No tuve tiempo para llorar”.

 

Mi tía se fue escondiendo en los portales

hasta llegar a las vías.

Sin nada,

se lanzó al vagón de un tren.

Por eso, busca su herencia.

(Del libro: República. Parentalia Ediciones, 2018)

 

 

 

 

CARMEN NOZAL. España, 1964. Licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM y egresada de la Escuela de Escritores de la SOGEM. Ha laborado en la Casa del Poeta “Ramón López Velarde” y en la Subsecretaría de Diversidad Cultural y Fomento a la Lectura. Ha publicado Visiones de piedra, Premio de Poesía UNAM, 1991. Vagaluz, Premio Nacional de Poesía Elías Nandino, 1992.  Hacia los flecos del frío, Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos, 1993. El espejo de Luzbel, premiado por la Universidad Veracruzana, 1994.  En el reino de la luz y otros poemas, publicado por el Ateneo Jovellanos de España, por ser finalista de dicho galardón internacional. Ha sido incluida en la Enciclopedia de Escritores Asturianos. Autora del cortometraje para animación Cuando Mister Cronos perdió el tiempo, premiado por el IMCINE.  En 2018 ha publicado República, editado por Parentalia y Zona Cero: 286, premiado por DEMAC. En 2019 ha publicado 43, libro de artista, Editorial Espolones. Actualmente, labora como directora de comunicación, prensa y difusión del Museo Nacional de Arte (MUNAL).