In memoriam de Felipe Gaytán Gaytán (dos poemas)

por Eduardo Cerecedo

Nace en 1969 y muere el 8 de mayo de 2019 en  la Ciudad de México. En 1994 concluyó la carrera de Letras Hispánicas en la UAM-Iztapalapa. Obtiene la maestría en la Academia de San Carlos. En abril de 2010, participa en la antología de cuentos El sótano, publicado por la Editorial Endora. En junio del mismo año publica un segundo cuento en la antología El banquete de la Discordia, editado por el Colectivo Entrópico, en la revista Libélula nocturna. Asiste al Taller de poesía, en Cafetzalli, Coyoacán, coordinado por Eduardo Cerecedo.

En el mes de abril del año 2018 inicié un taller de poesía en Coyoacán, centro, donde asisten regularmente de tres a cuatro alumnos. Allí comentamos, discutimos cuestiones literarias, a veces algunas anécdotas. Quiénes forman parte de este grupo de lectura y de escritura ya han tenido experiencias con publicaciones. Entre ellos tuvimos al compañero cuentista, poeta y pintor Felipe Gaytán Gaytán que inició su etapa de creación a ciencia, conciencia y paciencia. Aquí algunos de sus poemas, facturados por los ojos de los asistentes de Cafetzalli.

 

EN EL CAFÉ DE LA MAÑANA

 

En el café de la mañana

se asoma el ángel de la muerte,

con él voy a realizar la jornada,

llegar a tu lado,

paladear el olor de tu cuerpo,

sentir el grano tostado de tu piel deliciosa

 

Los guardianes agazapados

en el viento,

esperan que se abra la llanura

y salga un enjambre de animales,

seres mutilados, deformes,

sapos, sabandijas,

gusanos que nadan en la tinta

 

Allá viene un político

en una piraña voladora,

los engendros se amotinan

con ayuda de un hereje,

de una cabeza parlanchina,

curas violadores,

calderos hirviendo,

hombres serruchando a otros hombres,

mujeres desnudas

martirizando a esclavos

 

La cafetera enloquece,

burbujea amores

de épocas lejanas,

la Bestia busca besar tu boca,

que sabe a cereza,

vainilla y canela

 

El ángel de la muerte

rompe barricadas,

regresa los demonios al abismo

mientras doy un sorbo

 

Al final,

sobre la mesa un pan con mantequilla,

un café de la mañana,

los monstruos

se disuelven en la espuma,

y solo queda el consuelo,

la lucha eterna…

 

 

DESPEDIDA

 

Ya no está,

se marchó por la ventana,

en medio de objetos que volaron,

como zumbido de abejas triturando mis sentidos.

 

Abrió la puerta

enfiló por la calle,

entre ruidos, murmullos,

entre campanadas

y cantos de atabales.

 

Se fue, con pisadas de humo

entre laberintos de mercado

y sueños de héroes carcomidos.

 

Ya no está,

soy marioneta sin hilos

entre mascaradas de fracaso,

el conquistador me mira con desdén,

¡vino, pan, sangre!

en la taberna y a mitad de la Plaza principal,

¡vino, pan, sangre!

en el callejón del aguacate

y en el portón de la mujer herrada.

 

Ya no está

su voz desesperada,

la mujer dormida

la vio perderse en la laguna,

el perro desvelado,

la garza en pleno vuelo,

el niño de la calle,

el puente solitario,

toda la ciudad

la vio perderse en la laguna…

 

Detrás de la puerta

hay barcos de guerra,

hay armaduras, ríos de sangre.

El almanaque

ha cambiado de rostro

y la vida busca refugio

en otro lugar.

 

Detrás de la puerta

han violado a Malinche,

desde el pedestal rueda el penacho,

el escudo de jade.

 

Detrás de la puerta

han sepultado a Coatlicue,

hay trompetas de fuego

en los pastizales.

 

Ya no estás

lirio salvaje,

copo de nieve

a mitad del infierno

 

Ya no estás

eres mundo distante,

una cruz, una campana,

un corazón con espinas,

un reloj,

un libro con historias interminables.

 

Detrás de la puerta

hay hombres con cara de sol

que se han marchado contigo,

hay un paraíso perdido

que se ha marchado contigo,

un barco navega entre nubes

y se ha marchado contigo.

El rostro de malaquita

se ha marchado contigo,

la máscara del caballero tigre

se ha marchado contigo,

el camino de terracota

se ha marchado contigo.

El cráneo de piedra,

el de la muerte sonriente

se ha marchado contigo,

El que me ha golpeado en la frente

se ha marchado contigo,

el que me ha dejado tendido.

 

 

Director Editorial

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