Entre brumas

de Marco Tulio Lailson

 

           A Lilia Martha Partida Flores, bella como la luz de la mañana

 

TRIPALIUM

 

En la vértebra

de esta ciudad herida por la piedra

del insomnio,

los hombres del subsuelo

muestran cicatrices de otros palos:

desde la punta inmóvil

de sus pupilas hasta la estatura

exacta de la noche,

un aullido purísimo se eleva.

 

Las miradas cautivas

tras las rejas del frío,

cada gesto sujeto a la costumbre,

a la fibra más íntima del llanto;

y el vacío monótono golpea,

como gotera abierta en la conciencia,

el sueño, la memoria, la palabra.

 

LAS HUELLAS DE LOS PASOS EN LA TIERRA

 

Las huellas de los pasos en la tierra,

húmedas de sudores y de lágrimas,

siembran cansancio, polen de luceros.

Vienen de lejos, de donde las nubes

son racimos de pájaros;

de la hondura del agua, de la ceiba;

de donde la mazorca

duerme acunada en labios de zipotes;

de donde Hunahpú e Ixbalanqué

encantan ríos, decantan estrellas.

Pero el colmillo, la bala, la piedra,

la borrasca y el polvo,

el dólar del dolor y la culata.

Llanto de cristal,

crujir de huesos

y de almas.

 

Emigran los pájaros desafiando horizontes,

emigran los hombres con pasos de pluma y                                                                                                                            [barro

por la senda de los días;

la distancia se abre como una herida de

                                                        [ocasos.

La brújula se anega de nostalgia

sobre los lomos de la bestia aullante

que en galope metálico recorre

parajes del desprecio y de la bruma.

Hasta el calor vociferante del desierto,

la mano de Caín,

la quijada del asno;

hasta que un río envilecido por el odio

con músculos de fango

eclipse soles, bocas y gargantas,

el manantial del pulso, sus recintos,

los pétalos tempranos de los párpados.

 

Paso a paso en caminos del silencio,

cordilleras del aire,

banderas de la luz.

 

AQUÍ PASÓ ALGO QUE SIEMPRE PASA

 

Aquí pasó algo que siempre pasa,

el dolor de las piedras

caer de bruces, caer de cruces.

Aquí pasó algo que siempre abrasa,

memoria herida, el grito hecho polvo,

la cólera en girones.

 

Pesa tu ausencia en el insomnio. Nos

                                                       [faltas.

Tu voz, tu calcio, tu humareda.

Tu sangre vuelta río,

tus amaneceres de furia,

tu silencio       nos faltan.

Tu amor que crece enredadera,

mano crispada.

Nos falta el cielo de tus sueños

y tu ausencia cala hasta la médula,

hasta los litorales del frío

hasta las sílabas rotas

de la palabra rabia.

Hasta el aullido,

hasta la última esperanza. Ayotzinapa,

Aquí faltan 43.

 

OTROS HORIZONTES

 

I

Los signos de estos tiempos

anuncian  tempestades,

temperaturas bajo

cero. Bajo el imperio

del témpano. Dolor disponible a toda hora

en tiendas de autoser -vicio.

Se esperan vendavales.

 

La lluvia deslava el rostro

de los hombres: mueca de cansancio, vacío.

Heroína para la gente fina

reza el slogan

in God we trust.

 

II

Se confirma que vienen

sobre ponientes y conciencias nubarrones,

sobre páramos y vértebras.

Paisaje calcinado,

fruto de piedra,

veneno que se filtra hasta la rabia

hasta morder el polvo hasta la médula.

Manos tempranas reclaman

una elegía       elegida por alegre,

un canto desnudo de palabras.

Y ya  que escampe: la luz del futuro

habita en tu mirada.

 

NOMBRAR DE NUEVO LA ESPERANZA.

 

Nuestra tierra dejada de la mano de Dios,

la sal de la congoja y en harapos,

cicatriz.

 

En el principio

era el verde y las afluentes,

flor y canto y el cenzontle

así lo repetía,

y el equinoccio así lo repetía,

y el filo de obsidiana y Gucumatz

así lo repetían.

 

Aquello es otra historia.

Cerrar los ojos,

colmarse de silencio. Resistir.

Una gota de agua cae en el estanque,

la estancia sosegada se ilumina,

plena de ausencia. Lámpara

que alumbre en horizontes al salir

multiplicado y en banderas,

salir

a donde allá a la distancia se avecina

pero también acá  tan íntimo, el prójimo

comparte el pan y la esperanza abierta

sin otra condición que el aguacero.

 

La vida reside adentro

del torrente sanguíneo y el bolsillo,

en la chistera del mago en el zapato,

y habrá que ir al tuétano al calcio a la

                                               [osamenta,

habrá que ir y cobijarla,

nutrirse en sus afluentes,

almendro de su luz.

 

Afuera el continente se levanta,

eleva  en su ramaje

el fruto de su ofrenda

y generoso esparce la semilla,

en corceles del viento cabalgando

hacia los cuatro rumbos.

 

El tiempo ya es cumplido.

 

MARCO TULIO LAILSON (Ciudad de México, 1966). Es maestro en Letras Mexicanas por la UNAM. En 1990 obtuvo mención especial en el Certamen Jorge Cuesta de poesía, convocado por el Instituto Veracruzano de Cultura, por su poemario En el centro de los nombres, el cual fue publicado ese mismo año por Editorial Nautilium. En 2002 fue finalista del Primer Premio Internacional de Poesía Amorosa, convocado por el Círculo de Bellas Artes de Palma de Mallorca, España. En 2004 algunos de sus poemas fueron incluidos en Eco de voces (Antología de la generación poética de los 60’s), compilación realizada por Juan Carlos H. Vera. En 2013 publicó el poemario colectivo La misma brújula, también editado por Nautilium. “La simulación y sus caretas”, reseña suya a La comedia de la honradez. Las novelas de Mariano Azuela de Víctor Díaz Arciniega y Marisol Luna Chávez, se publicó en 2010 en la revista Literatura mexicana del Instituto de Investigaciones Filológicas (UNAM). De 1984 a la fecha ha realizado distintas labores de promoción cultural y docencia en diversas dependencias públicas.

 

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