El arte del lugar común en Monsreal

Por Sandro Cohen

RAZONES POR DIFERENCIAS*

Los Sueños de segunda mano de Agustín Monsreal están construidos sobre una bipolaridad estilística que mina la fuerza del libro como un organismo vital: en vez de poseer una sola lógica intrínseca, responde a dos divergentes. En este volumen de cuentos, el segundo de Monreal (Los ángeles enfermos significó un excelente entrada al universo narrativo), operan dos poéticas encontradas que —por fortuna— no se anulan, pero que si ponen en tela de juicio la solidez de la obra.

    Desde su primer libro de narraciones, se perfilaba en Monsreal la necesidad de volver poético y patéticos sus ambientes y personajes; también podía notarse cierta tendencia de crear espacios tan herméticos que hasta la “poesía” se encontraba en peligro de asfixiarse por falta de oxígeno: puntos de referencia en Los ángeles…,  cuando el autor lograba esquivar la tentación de recurrir a ese hermetismo que a muchos se les antoja” elegante, el resultado podía apreciarse en cuentos redondos, firmemente planteados e igualmente bien resueltos.

    Sigue la misma dicotomía en Sueños de segunda mano, sólo que la bipolaridad se halla aún más acentuada, dentro de la tendencia “hermética” del autor encontramos Casi la ausencia, Tema del rescate, La noche de la víbora y —hasta cierto punto— Restos del naufragio; esto, afortunadamente, representa menos del 30% del total de catorce narraciones. Aquí Monsreal suprime nexos, deja de establecer con claridad las relaciones interpersonales, descuida la definición de jerarquías temporales y no se empeña en ubicar al lector dentro del relato. Muchas veces resulta imposible descubrir los quién, cuándo, dónde y por qué de los cuentos. Por supuesto que todos estos son recursos sobradamente socorridos dentro de la narrativa del siglo veinte, pero sigue siendo peligroso prescindir de los elementos básicos de cualquier relato, ya que el lector se pierde: en algún  momento los cabos deberán ser atados.

     No obstante, a lo largo de los cuentos que no caben dentro de esta primera categoría, opera una poética enteramente distinta. Utilizando variadas técnicas de la composición (libre asociación de ideas, encabalgamientos, confusión de puntos de vista, narración lineal — “tradicional” se dirá—), Monsreal logra presentarnos una docena de conmovedoras miniaturas en prosa que elevan el nivel de arte el lugar común de la realidad mexicana, tanto en provincia como en la capital. En Al final de la luz resulta ser el “cliché” del hombre casado quien le promete a su querida que “pronto se divorciará” para casarse con ella; en Deja de hacer el tonto, infeliz, somos testigos de la crisis existencial del hombre casado que termina por convertirse en un ejemplar patético en todos los sentidos; en Grande es tu salida a la guerra, pequeño tu retorno, la visión del desempleo, repleta de un humor que se torna negro, adquiere la fuerza aplastante de una gran ola que nos tumba cada vez que logramos levantarnos; Amanda nos descubre el incesto velado en toda la relación de hermano-hermana: un relato bien controlado tanto en sus detalles humanos como en su ambientación física; el autor corta dos orejas con Otra vuelta de otra tuerca, por haberse internado de manera tan natural en un área dificilísima de pisar por ser tan común a grandes sectores de la población: ¿cómo decirle al marido que ya viene el noveno hijo cuando se las ven negras para alimentar a los otros ocho?;  en Nunca acaricies un círculo porque se vuelve vicioso, el autor enfoca la rabia(¿justa, injusta? Que casi todo empleado siente hacia su jefe y que pocas veces logra superar; en Un caso semejante Monsreal tiene mucho cuidado de no sobreexplotar el tema potencial sensacionalista del despertar de un joven homosexual y nos da, en cambio, un cuento de pathos realista y enternecedor;  en Viraje sentimental es la vieja historia del joven que se casa y que luego se encuentra en la misma situación de Al filo de la luz y Deja de hacer el tonto, infeliz; Sueño de una mañana de verano es, más bien, el sueño peregrino del comerciante perezoso que se imagina repentinamente colocado en la cumbre de la industria nacional con base en la suerte y la “buena voluntad” de la gente —la realidad, desde luego, es otra—; en A la sombra de una muchacha en flor resurge el tema del homosexualismo, sólo que entre dos amigos (ligadores de muchachas) que jamás habían arrostrado esta vertiente de su personalidad.

     En el fondo de todos estos cuentos de Monsreal subyace la conciencia de la imposibilidad de ser feliz y la urgente necesidad de fingir serlo. La visión del autor es clarísima en este sentido: el ser humano, en la mayoría de los casos, es cobarde e incapaz de hacerle frente a sus deseos y necesidades más íntimos. En las narraciones se prefiere casarse con una mujer no amada a asumirse como homosexual; contraer matrimonio con cualquier tipo para evadir el tratamiento directo con la realidad porque esto nos obligaría a sincerarnos con nosotros mismos. Monsreal, cuando nos engolosina, es implacable; desnuda a sus personajes con amor para lanzarles un gancho al hígado,  y —de paso— al que lee. Estos Sueños de segunda mano ya son de tercera, porque también nos pertenecen a nosotros.

*Publicado en Excélsior, 27 de diciembre de 1983.

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